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MINARI: EL ARTE DE SEMBRAR Y PROSPERAR

  • Foto del escritor: Michelle Kahn
    Michelle Kahn
  • 12 mar 2021
  • 4 min de lectura

"Minari es esta historia de sembrar tus raíces [...] de paciencia, perseverancia y confiar poder ver florecer todo por lo que has trabajado"


Algo tienen esas películas en las que nada sucede pero que al mismo tiempo pasa absolutamente todo. La película en cuestión es la historia de una familia de Corea que llega a Estados Unidos, mudándose de ciudad a ciudad y trabajando en criaderos sexando pollitos, en busca del sueño americano. Parcialmente biográfica por parte de la experiencia del director Lee Isaac Chung y con un cast excepcional que logra representar este fragmento tan cercano a él, que no sé si es gracias al hecho de que A24 produce películas extraordinarias sin falla, pero Minari es un apapacho para el alma que enriquece nuestra percepción de estas familias que buscan un mejor estilo de vida.

Familia de cuatro, Jacob y Monica (interpretados por Steven Yeun y Han Ye-ri respectivamente) batallan por darles la mejor vida posible a sus hijos Anne y el increíblemente adorable David que sufre de una condición cardiaca. La pareja discute constantemente debido a que cada uno tiene objetivos y metas diferentes: Monica quiere estabilidad y un lugar decente en el que ella y sus hijos puedan crecer, mientras que desaprueba del sueño de Jacob de crecer cultivos coreanos para poder vender en Dallas. Con el fin de que los adultos puedan trabajar durante el día, deciden llamarle a la madre de Monica para que llegue desde Corea del Sur y pueda cuidar a los niños; hecho que comienza a complicar la situación y desafía a la familia una vez que pisa su hogar.


Empezando desde el claro rechazo que el pequeño tiene hacia Soonja: mujer que rompe con su esquema de tranquilidad, la loca de la familia y poco ortodoxa, David cuestiona su rol de abuela y cómo no representa el ideal que ha asumido como lo correcto y establecido. Conforme conviven más, cuando Soonja le enseña juegos de cartas, lo consiente y cura sus heridas a pesar de que David le hace frente, insulta y aplica bromas pesadas, la relación comienza a mejorar después del día en que ambos plantan minari junto al arroyo y Soonja le explica acerca de la función y utilidad de la planta. Al fin y al cabo, así como el director lo ha dicho en entrevistas y se deja claro en la película, minari es una planta de múltiples fines tanto para uso medico o incluso para comer, pero también es un presagio de buena fe que predice un crecimiento abundante. Lo que Chung representa sinceramente desde lo más profundo de su ser, es que a pesar de las trabas y las dificultades, como una semilla que crece en un árbol, todo es cuestión de tiempo. Minari, al igual que la planta que florece junto al arroyo, es esta historia de sembrar tus raíces: no solamente de establecerte en un lugar y esperar que todo fluya sin ninguna complicación, sino de paciencia, perseverancia y confiar poder ver florecer todo por lo que has trabajado.



Honestamente no hay mucho que pueda decir sin soltar toda la trama en una lectura de cinco minutos. Minari no es una película que tienes que ver para creer, puesto que cada experiencia es única y depende de lo que cada uno absorbe y se apropia para poder responder emocionalmente a la historia. La mía fue estresante y no hablando de manera despectiva y negativa hacia la película; la sufrí por ver cada bache y desafío que la familia tenía que pasar y superar. Por su expresión en inglés: “I rooted for them” y sentía de manera personal, como si fuera mi propia familia la que estuviera en pantalla, cuando Jacob y Monica peleaban o cuando simplemente las cosas no salían a su manera. Mas que eso, también moría de miedo: sentía un terror por pensar en lo peor, por presenciar una tragedia en la familia. No tiene comparación, pero constantemente recordaba No Se Aceptan Devoluciones de Derbéz, porque nada más temía de que al final me rompieran el corazón.


Fue una experiencia diferente: decidí hacer un watchparty con una amiga por medio de FaceTime y aunque no soy de aquellas personas que hablan durante una película, hice una excepción. Nos vimos las caras, tanto ella como yo reaccionábamos a diferentes situaciones y veíamos nuestros ojos al borde de la lágrima, comentábamos las botitas de vaquero que Alan Kim usa durante las dos horas y no podíamos evitar chillar de ternura cada vez que se las ponía o cuando se refería al Mountain Dew como “agua de la montaña”.


Definitivamente es contradictoria, sobresale la recepción y aclamación que ha recibido, así como el mensaje tan importante que hay detrás: una familia que busca algo mejor en un país desconocido y donde no siempre son tan bien recibidos. La tragedia es lo que sucede actualmente, al estar escrita y dirigida por un hombre estadounidense, ser producción gringa en la que más del 60% del diálogo es en coreano, Minari es considerada película extranjera. La historia yace en su origen y como hoy en día aún perdura esta falta de aceptación. Ya sea en Estados Unidos, Corea, México o en cualquier país del mundo, una familia o individuo; como Jacob, Monica, David y Anne, son de dónde deciden plantar sus raíces y verlas florecer. Minari te aterriza y es ese tipo de historias tan necesarias ver de vez en cuando para conectar más allá de un nivel superficial; es humana, frágil y reconfortante, cosa que a veces olvidamos presentar en nuestro día a día, pero también es un recordatorio de que en la vida hay que perseverar. Ampliamente recomendada.

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