PROMISING YOUNG WOMAN: LA TRAGEDIA DE UNA SOCIEDAD QUE LE FALLÓ A UNA MUJER QUE LO TENÍA TODO
- Michelle Kahn

- 24 abr 2021
- 4 min de lectura
"[Una película] que sí tiene sus pros y contras, pero definitivamente es un ejemplo indispensable para este camino de deconstrucción en nuestra sociedad"
La última película de los nominados a Mejor Película que me faltaba y qué manera de cerrar con la selección de este año. Promising Young Woman es una película necesaria y realizada para hacerte sentir perturbado y vaya que las palabras me fallan, escritas o habladas, para lograr aterrizar las ideas. Creo que me tomó desprevenida por ir completamente en blanco sin siquiera ver los avances. Es una mezcla de I Spit on your Grave junto con Gone Girl, pero no realmente. Es una película de venganza mas no es el tema central. Más que un logro narrativo y alabada con varias nominaciones, es una historia problemática y controversial, poniendo en la mesa unos temas mega importantes: el consentimiento, violación y agresión sexual, y lo podrida que está la cultura y el sistema de justicia que prefieren encubrir a los violadores que ayudar a la víctima.
Emerald Fennell entregó una obra desagradable en temática pero increíble en mensaje en su debut como directora. Una película que sí tiene sus pros y contras, pero definitivamente es un ejemplo indispensable para este camino de deconstrucción en nuestra sociedad. Con un cast sacado de rom-coms y películas indie, todos los involucrados son excepcionales, pero la verdadera estrella es Carey Mulligan que da una actuación finísima y escalofriante digna de su nominación a Mejor Actriz y que probablemente acabará ganando el Oscar este domingo.
Cassandra Thomas es una mujer en sus treintas, que tiene una vida “lowkey” trabajando en una cafetería mediocre, sin ninguna apelación y cualquier tipo de vida social. Es casi infantil: su habitación parece de princesa, viste vestidos floreados y de colores claros, se peina con coletas de caballo y hasta llegarías a pensar que es un poco penosa. Cassie, sin embargo, es todo lo contrario, pues en las noches apropia la personificación de una “femme fatale”, al estilo The Bride en Kill Bill, yendo de bar en bar fingiendo alcoholización para irse con hombres que se aprovechan de su embriaguez y darles una lección sobre cómo no aprovecharse de mujeres que no están en sus cinco sentidos. Las dos caras de la moneda, Cassie de día y de noche, son reveladoras para lograr entender su mente y el trauma que la persigue.
Dicho trauma es debido a un acontecimiento que vivió en sus años de universitaria junto con su mejor amiga Nina y que provocaron que abandonaran sus estudios. Lo que sucede después es metafóricamente lo que se interpreta como la muerte de una parte muy importante de ella a partir de lo ocurrido. El tema en cuestión es tan perverso, que si Fennell contaba esta historia a secas, con el tono y seriedad que en realidad es, la película sería imposible de ver y digerir; probablemente hasta la habría dejado a la mitad. Sin embargo, Fennell toma la decisión creativa de crear un ambiente como si estuviera sacado de una tira de cómics: funky, con luces neón y un estilo que llega a ser un poco “kitsch”. Es una magnitud de ironías y sarcasmos para contrarrestar el golpe en el estómago que de todas formas te deja sin aliento hasta cuando salen los créditos finales.
Después de su muerte metafórica, Cassie renace como un ángel de la guarda para proteger a Nina y toma el papel de Judge Dredd para buscar la justicia que se evadió con los agresores de esta misma. Es casi un mártir, ya que su nuevo propósito está destinado a sufrir. Sentí pena por su personaje y no de vergüenza, sino de angustia. Al ir contra un sistema imposible de arreglar por su propia mano, Cassie podía dejar todo atrás, vencer sus fantasmas y seguir adelante con su vida. Su caso no permitía esa opción y al meterse en la boca del lobo su destino era mas que evidente, y te hace decir en voz alta “tiene todo el sentido del mundo” por dos razones. La primera es que Cassandra Thomas no es ninguna estúpida y dos, porque tristemente ese era su nuevo propósito en la vida. En ningún momento estás feliz por las decisiones que toma, ya que sientes que se está rebajando al mismo nivel de los imbéciles que trataban de agredirla sexualmente, pero tampoco permites juzgarla porque entiendes que su trauma la tiene paralizada en esa vida y nunca va a lograr salirse de ese hoyo. Una vez que alguien va por la vida vengando, no únicamente a la persona que le hizo mal sino a todos los que han sido partícipes, nunca termina satisfecho. Y eso es lo brillante del guión escrito por la misma Fennell: aunque no compartas su dolor o su “modus operandi”, comprendes claramente la intención del personaje y el por qué lo hace.

Ese desenlace y tercer acto es igual de descortés y lleno de descontento: no hay alivio o gritas en voz alta “¡eso mamona!” porque lo terrible del mensaje, es que a Cassie le sucede lo que se acabó buscando cuando no debería de ser de ese modo. Hasta el último minuto, Fennell decide continuar con la ironía y ese humor oscuro, principalmente con la canción “Angel of the Morning” de Juice Newton que desde que se estrenó Deadpool ha sido utilizada en una connotación divertida y sarcástica. Lo repugnante es que el final no es ninguno de esos dos adjetivos y comienzas a hacer corto circuito debido a que no sabes si reír o gritar de la frustración. Es una tragedia griega al estilo de Gone Girl. La tragedia del resentimiento y odio que se tiene a aquellos que abusan de su poder, odio a un sistema corrupto que prefiere encubrir al abusador para “no arruinarle su vida” y desacredita a la víctima. Al final del día, el culpable es esa sociedad que le falló a una mujer joven prometedora.







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