NOMADLAND: UN RETRATO A LA BELLEZA Y HUMANIDAD DE LOS NÓMADAS
- Michelle Kahn

- 19 mar 2021
- 5 min de lectura
"[Frances] McDormand es pura magia en el papel, con una sonrisa dice más de lo que mil palabras podrían hacer, abriendo su corazón a una actuación demasiado íntima y conmovedora"
Fern (Frances McDormand) está en un proceso de duelo. Después de perder su empleo debido al cierre de la planta US Gypsum en Empire, Nevada; uno de esos cuantos pueblitos que funcionan bajo la mano de industrias y grandes compañías, al cabo de seis meses Empire se convierte en un pueblo fantasma. Poco tiempo después, su esposo muere. Sin trabajo y completamente sola en un pueblo que prácticamente deja de existir, Fern vende a mayor parte de su pertenencias, compra una camioneta acomodada para ser habitable y se embarca en un viaje alrededor del Oeste de Estados Unidos, consiguiendo trabajos por temporada.
Una creería que su estilo de vida es parecido a la de un vagabundo, pero como Fern dice “I’m not homeless. I’m just house-less” y la realidad es que no es la única, puesto que tanto ella como otras personas mayores, las cuales debido a la situación económica y social representada en la película no se pueden dar el lujo de retirarse, viven para trabajar y trabajan para vivir. Ya sea en RV’s o en camionetas, Nomadland visibiliza a este sector que damos por hecho y nadie considera. No es la glorificación de dejar todo y emprender una aventura cuando no te falta nada, sino el estilo de vida nómada de estas personas que están constantemente en movimiento.
Por el camino, Fern conoce a Linda May y la invita a una comunidad dirigida para personas como ellas. Les enseñan habilidades básicas de supervivencia para sus trayectos y entre ellos forman un vínculo emocional bellísimo. El personaje de Frances McDormand es trabajadora e independiente, que tiene pinta de ser ruda e intimidante, pero en el fondo es puro cariño. La convivencia y química entre McDormand y sus co-estrellas es meramente orgánica, natural y honesta, principalmente por el hecho de que estas versiones ficcionalizadas de los nómadas Linda May, Swankie y Bob Wells, son interpretados por ellos mismos. McDormand es pura magia en el papel, con una sonrisa dice más de lo que mil palabras podrían hacer, abriendo su corazón a una actuación demasiado íntima y conmovedora.

Fueron cuatro veces que lloré. Ya sea porque en lo personal soy una persona chillona y muy en contacto con mis sentimientos, así como el guión que está increíblemente bien escrito y adaptado por parte de Chloé Zhao, Nomadland no te obliga, sino que te abre una ventana para empatizar con esta otra realidad. A pesar de ser una comunidad, los nómadas pasan la mayor parte del resto de sus vidas completamente solos y con sus pensamientos. Lo que los une son el dolor y la tristeza de sus pérdidas, duelos, trabas y enfermedad, pero en lugar de ser una carga de la que no saben deshacerse o no sepan con certeza cuándo volverán a verse, su lema es “te veré en el camino”. Uno reflexiona acerca del por qué están viajando de un lado a otro cuando pueden, muy probablemente, establecerse en un lugar más cómodo. La respuesta es más que clara o tal vez soy yo examinando de más, pero ese momento cuando Fern decide dejar atrás a Dave (también una actuación extraordinaria por parte de David Strathairn) no me hizo pensar negativamente de su decisión. Zhao se encarga de que la audiencia conecte emocionalmente con McDormand para que al final puedas concluir que el impulso de Fern de moverse de un lugar a otro sin quedarse estática, es debido al miedo de arraigarse nuevamente y de cierta manera, perderlo todo. Y no dudo que ese sea el motivo de aquellos a los que se le presenta la oportunidad.
Nomadland es sabia, cruda y la película es lo más cercano a ser un poema visual, con una fotografía bellísima de Joshua James Richards y unas tomas que siguen a Fern a través de paisajes y espacios abiertos que transmiten una cantidad infinita de emociones simultáneamente. Es una atenuación cuando declaro que la historia me movió hasta el piso y aunque ciertamente no se relaciona nada a mi vida, Zhao hace un trabajo espectacular para transportarte al aquí y el ahora de Fern.
El corazón Nomadland reside en detalles instantáneos y rápidos que forman parte de la vida diaria; de aquellos fragmentos que varios llegan a declarar como “insignificantes” o momentos en los que no sucede absolutamente nada. La vida real no tiene persecuciones de coches en un mundo apocalíptico ni invasiones extraterrestres; no tiene que suceder algo extraordinario. El día a día esta constituido por esas pequeñas aventuras y eso es lo que hace esta historia tan especial: es muy humana y llena de sentimientos, es tener una mirada compasiva y un vistazo a estas historias que no se han contado. Siendo este su tercer largometraje, Chloé Zhao se ha encargado de visibilizar a estos personajes que son olvidados o no les prestan atención. Zhao tiene una habilidad y talento que la llevarán muy lejos, y si antes tenía dudas o altas expectativas, ahora me queda claro que se llevará tres estatuillas de los Óscares por mejor película, directora y guión adaptado; muy probablemente cuatro por edición. Palabras me faltan para expresar lo merecida que es de todo este reconocimiento porque al igual que Fern, es dedicada, trabajadora y está en todas partes: en 2018 fue contratada por Marvel Studios y mientras estaba en rodaje de esta película, Zhao ocupaba su poco tiempo libre trabajando en la pre-producción de la monstruosidad que será Eternals y merecidamente se ganó. Este es el ascenso histórico de una mujer con un ojo impresionante a los detalles, que espero con ansias ver sus próximos proyectos y ojalá que varios sean en asociación de McDormand.

Sí es de las películas más bonitas que he visto no sólo en esta temporada de premios, pero que fueron estrenadas el año pasado. Nomadland puede provocar cierto confort, principalmente en esas escenas tan calurosas en las que Fern convive con sus compañeros nómadas, pero también te hace cuestionarte ciertos aspectos de tu vida: el dolor, la agonía, la sensación de sentirse perdido y la voluntad de seguir adelante a pesar de la inseguridad e incertidumbre de que puede suceder mañana. Es casi como un mantra, de disfrutar las cosas y momentos más simples, porque dolor siempre habrá y en su momento, perderemos a gente cercana a nosotros. Pero como Bob Wells le dijo a Fern, cuando en confianza comparte la historia de su vida; ya sea en un día, mes, un año o varios, eventualmente todos nos reencontramos.



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