ONE NIGHT IN MIAMI IMAGINA LO QUE CUATRO MENTES BRILLANTES POSIBLMENTE DISCUTIERON A PUERTA CERRADA
- Michelle Kahn

- 5 feb 2021
- 5 min de lectura
Actualizado: 11 mar 2021
"[La película] es un recordatorio no sólo de la causa que dividió, sino de la lucha que trata de empoderar al hombre negro y de esta manera, darle voz"
Un activista defensor los derechos de los afroamericanos, un boxeador, un cantante de soul y un jugador de la NFL entran a un bar… Suena como el inicio de ese típico chiste, aunque en esta ocasión no lo es y no sucede en un bar, sino en la habitación de un motel en Miami.
La historia es un recuento ficticio de la noche real del 25 de febrero de 1964, después de que Muhammad Ali (nacido Cassius Clay) se convirtiera en el campeón mundial de peso pesado a sus 22 años. Basada en la obra de teatro del mismo nombre escrita por Kemp Powers (co-director y guionista de Soul) y algo que él mismo interpretó como “la unión de los Avengers negros”, One Night in Miami es la increíble historia de cómo cuatro leyendas de esa época se encuentran para hablar de duras verdades, sus éxitos profesionales, su rol dentro del movimiento por los derechos civiles y dicho impacto cultural en los años sesenta.
Hablo desde (casi) la completa ignorancia, puesto que mi conocimiento acerca de la historia del movimiento es prácticamente nulo debido a la falta de información en las materias de historia universal de mi secundaria y preparatoria. No conozco la historia de Malcolm X, solamente su nombre; no tenía idea de que Muhammad Ali era un musulmán converso y que su nombre realmente era Cassius Clay y bueno, menos tenía idea de la existencia de Jim Brown y Sam Cooke. Una probadita de historia no vendría mal para entender el contexto de estos cuatro personajes a lo largo de esta película, la cual mantiene su esencia teatral ya que la puesta en escena, el diseño de producción, las actuaciones y los diálogos dichos por los actores, tienen ese toque rimbombante que se nota en un escenario para que toda la audiencia llegue a percibir. Pareciera que es algo que está de moda; como la obra de Fences, Million Dollar Quartet o la recién estrenada Ma Rainey’s Black Bottom, en donde toda la acción (o la mayoría en este caso) ocurre dentro de un solo espacio.

Al estar en un mismo lugar, los personajes son forzados a confrontarse y sentirse incómodos por el choque inmenso de ideas que ocurren entre ellos. Este conflicto, ficticio, es sacado desde la propia experiencia de Powers quien, al percatarse que era el único guionista negro en el equipo de Star Trek: Discovery, comenzó a recapacitar de cuánto de sí mismo tenía que sacrificar para poder lograr adaptarse dentro del ambiente profesional circulando el medio. Dicha inspiración es puesta en pantalla para crear el tumulto de emociones entre los cuatro personajes.
Malcolm es presentado como este fanático y líder religioso que está al borde de la fatiga, llegando a las últimas de su activismo. Sin nunca ceder, siendo ese amigo que no tiene pelos en la lengua y siempre dice la verdad, desafía a los otros a que alcen su voz a favor de la causa. Principalmente hacia Cooke, que ha usado su influencia dentro de la industria musical para sacarse provecho económicamente, pero no para usar su música como un canal que exprese la lucha de su gente. Cooke lo sabe y se siente frustrado al ver que músicos blancos como lo son Bob Dylan y su canción “Blowin’ in the Wind”, usen su oficio para crear conciencia. Brown tiene un rol parecido al de un “referee”; separando a estos dos iconos para que no escale a algo peor. Sin embargo, Brown también comprende la verdad en las palabras de Malcolm, puesto que él mismo está inconforme con la posición racial de los atletas negros dentro la NFL; algo impactante de ver, cuando Mr. Carlton (interpretado por Beau Bridges), un supuesto amigo de la familia y gran admirador de Brown, le dice que no puede ayudarlo con un asunto dentro de su casa porque “ya sabe que no deja entrar a negros”. Mientras tanto, Clay tiene un revoltijo de pensamientos al ser proclamado el nuevo campeón mundial y que cómicamente, no deja de fanfarronear sobre su nuevo estatus. No obstante, está en preparación de entregar su vida a una causa social y religiosa en la que realmente cree y cambiar su nombre de esclavo por lo que hoy lo conocemos todos: Muhammad Ali.
Kemp retrata el encuentro real desarrollado por ficción y lo que él cree que fue discutido detrás de paredes y su ejecución por parte de Regina King (que marca su debut como directora de su primer largometraje y fue MUY MERECIDAMENTE reconocida por la Hollywood Foreign Press Association por su trabajo en esta película ) es meramente excepcional e intrigante. Sirve como una reflexión de la causa, algo que a veces parece imposible de creer que realmente haya sucedido, y reflejo que ha dejado su marca a lo largo de los años. Lo que más impacto me deja One Night in Miami es que Malcolm X está determinado a dejar claro que no sólo es una lucha que demoniza a los hombres blancos y a su paso, causa más división. Sino aquello que Clay le dice a Cooke: “se trata de empoderar al hombre negro” y de esta manera, darle voz. Y es por esto mismo que Malcolm sugiere que Cooke podría ser la voz más fuerte de los cuatro si eligiera incorporar más mensajes políticos en su trabajo. No sólo eso, puesto que le recuerda su valor como ser humano y de lo que entrega de sí mismo en su arte; lo que podría mover montañas sin que siquiera moviera un dedo si realmente lo intentara. Y Malcolm da el ejemplo perfecto, aludiendo a la vez cuando vio un show del músico en Boston, y después de unos problemas técnicos de sonido y que la audiencia comenzara a abuchearlo, Cooke cantó “Chain Gang” a capella, causando sensación y retumbando las paredes del auditorio, algo que sin exagerar me puso la piel de gallina y los ojos llorosos. He ahí el mensaje de la película escondido, pero ruidoso: el poder de alzar la voz.
La semejanza de los cuatro actores con sus contrapartes es otra alabanza que no se debe dejar pasar de largo. No sólo es difícil encarnar lo que estos cuatro iconos pudieron haber dicho a puerta cerrada, sino también encontrar a cuatro hombres que tengan el parecido a estos mismos en la época que se retratan. Kingsley Ben-Adir es una copia exacta de Malcolm X y aunque no conozca la personalidad de éste último, los manierismos que personifica en pantalla son extraordinarios. Eli Goree es tan parecido a Ali que incluso crees que están relacionados de cierta manera. El porte y presencia que Aldis Hodge trae a Jim Brown tiene un encanto particular y, me quedo con la idea que nadie más que Leslie Odom Jr. (cuyo talento actoral y de canto se puede apreciar desde su presencia en Hamilton como Aaron Burr) era quién mejor podía ponerse en los zapatos de Cooke y su nominación como Mejor Actor de Reparto en los Golden Globes es más que merecida.
No hay mejor manera de empezar a conmemorar el “Mes de la Historia Negra” que consumir estas historias que alimenten nuestras emociones, conocimientos y nos hagan reflexionar acerca de su lucha y causa. Al encontrarnos con una variedad de material que, aparte de darles reconocimiento, es contado desde sus propias experiencias e impacto cultural y/o social en sus vidas; ya sea One Night in Miami, Da 5 Bloods, Judas and the Black Messiah o Ma Rainey’s Black Bottom (por nombrar a algunas), podemos ser testigos de la clara representación y la visibilidad al talento negro. Como Malcolm, que sabía con certeza que no sobreviviría para ver el cambio que provocó en el mundo, pero cuyo esfuerzo ciertamente contribuiría a ser parte de este, y como Cooke que canta al final:“a change in gonna come”. Y aunque todavía exista mucho trabajo por hacer (y mucho talento continúe siendo ignorado o snubbed), ese cambio es ahora.











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