SOUND OF METAL: EL SILENCIO INCÓMODO EN LA FALTA DE RUIDO
- Michelle Kahn

- 5 mar 2021
- 4 min de lectura
Actualizado: 11 mar 2021
"Entre todo su silencio, puedes casi escuchar hasta el rincón más escondido de su mente, los pensamientos del protagonista"
Lo primero que puedo decir para empezar a escribir de esta película es que es simplemente brillante; de verdad que podría acabarlo ahí. Aplacé varias veces los días cuando quería verla porque había escuchado y leído en varias partes que no era fácil de digerir. La semana pasada, sin excusas, me senté a verla y recomiendo ampliamente que todos lo hagan porque en todos los sentidos, es una experiencia cinemática y sensorial increíblemente bien ejecutada.
Desde la primera escena supe que definitivamente, la historia iba a ser una montaña rusa de emociones. El mismo cuate que ha estado en blockbusters como Venom y Rogue One, el gran y versátil Riz Ahmed interpreta a Ruben Stone: un baterista de metal (o tal vez es punk, no estoy segura, el punto es que toca música bastante hiriente para los oídos) que empieza a perder su audición y se entera que conforme pase el tiempo, esta seguirá deteriorándose. Un hecho que comienza desde la clara negación, Ruben emprende en un viaje emocional de aprendizaje, compasión y aceptación. Desde ser terco como la fregada y seguir tocando en conciertos a pesar de recomendaciones profesionales de cuidar su oído, poner todo su empeño en conseguir el dinero suficiente para un implante coclear y hasta anotarse a regañadientes en una comunidad de personas sordas o que han ido perdiendo su audición, Sound of Metal logra que nosotros como audiencia experimentemos la lucha de Ruben como si fuera propia.
El guión no es solamente una historia perfectamente trazada, en la que el arco narrativo del personaje ayuda a que nos podamos sumergir de clavado en la historia, sino que su ejecución técnica y decisiones creativas de imagen y sonido para retratar a una persona que está dejando de escuchar casi por completo, son simplemente extraordinarias. Cumple con el objetivo de sentir el conflicto interno por el que Ruben debe de pasar: se pueden apreciar estas tomas y encuadres cerrados sobre el protagonista, con sonidos apagados esbozando la dificultad de entender su alrededor y cuando gente se dirige hacia él; algo que te permite empatizar con Ruben porque de cierta forma sientes como si te estuviera sucediendo a ti... casi hasta crees poder escuchar sus pensamientos. Contrastado con estos planos amplios, generalmente de dos personas, en el que el sonido está perfectamente normal y que nos regresa a este rol de espectador externo más alejado de la realidad de Ruben.

Definitivamente es una historia difícil, su ritmo es lento pero no hay otra forma de retratar dicho relato. Hay escenas largas y emocionalmente pesadas, especialmente con todo el asunto en el que Ruben se rehusa a abandonar a su novia Lou (Olivia Cooke) y quedarse en un refugio de sordos y adictos en recuperación, dirigido por un veterano de la Guerra de Vietnam llamado Joe (interpretado por Paul Raci). Joe encamina a Ruben en un curso de aceptación, en el trata de hacerlo ver y desasociar su sordera como una incapacidad para que logre ayudarse a sí mismo: aprendiendo lenguaje de señas, conviviendo con las otras personas de la comunidad e incluso practicar estos pequeños ejercicios de sentarse completamente quieto en una habitación y cuando sienta el impulso de moverse, que escriba todo lo que venga a su mente en un papel. Estas escenas incómodas son compensadas en un montaje increíble en el que Ruben se compromete a salir adelante y en efecto, aprende a vivir con esa pérdida en su vida. Socializa, se comunica y por primera vez en mucho tiempo, se ve feliz.
El problema del personaje es que ve hacia el pasado y constantemente se encierra en la idea de lo que ya nunca podrá tener otra vez. Lo leí de un amigo y concuerdo totalmente con su comentario de que el triunfador más grande de la película es Paul Raci con una interpretación extraordinaria y cuya sensibilidad te perfora hasta las emociones más profundas. El personaje de Joe agarra cierto cariño a Ruben y está determinado con ayudarlo a salir adelante: impulsándolo en ver hacia el futuro y hacer paz con la idea de que nada será igual aunque consiga los implantes. Y es esa escena la que me vendió por completo en la película, en el que si existiera el sonido para poder representarlo, puedes casi oír con claridad como el corazón de Joe se parte en trizas al no poder contener esa tristeza que siente por la causa de Ruben y su comportamiento de adicto.

Ruben se propone algo y lo consigue, hay que reconocerle eso. Pero el arco narrativo de este personaje llega a un círculo completo al final de la película. No diré mucho al respecto, pero ese desenlace inconcluso y abierto para interpretación deja un sentimiento de satisfacción porque, aunque no sabemos dónde acabará Ruben, te da cierta sensación de paz al confiar que va por buen camino: comenzando especialmente al poder encontrar ese estado de quietud que Joe tanto trató de enseñarle.
Definitivamente el protagonista y el verdadero storyteller es el sonido y la edición de este mismo. Pese a que haya gente que crea que parece una hazaña fácil, no dudo que su complejidad haya sido uno de los mayores retos para poder presentar correctamente cómo se siente, piensa y actúa una persona que está perdiendo su audición. Sound of Metal es esa película que habría tenido una recepción y una reacción completamente diferente de su audiencia, incluso más incómoda, si su estreno habría sido posible en salas de cine. Por más que lo intentes, no puedes lograr quedarte quieto durante las dos horas y eso quiere decir que la película cumplió su objetivo. Así que sin miedo, súbele bien al volumen de tu televisión o computadora, sumérgete en su sonido y la manera en que éste nos permite conocer personal e íntimamente al personaje principal y empatizar con su historia.



Comentarios